Apostolado en el hospital de Vánimo

Queremos ahora compartir algunas fotos de una visita al hospital que hicimos con niños de la “Legión de María Junior”. Este grupo está formado por algunos niños de nuestros colegios, de entre 8 y 13 años. Se reúnen dos veces por semana: los viernes después del colegio para rezar el rosario y recibir una charla, y los sábados para realizar algún apostolado. El apostolado que hacen el sábado consiste en visitar enfermos, limpiar la casa de algún anciano que esté solo y no pueda hacerlo, y otras cosas parecidas. Ellos mismos se dan cuenta que para ser un buen cristiano no alcanza con la misa del domingo, sino que es necesario hacer obras concretas de caridad con los que más lo necesiten. Respecto a esto, durante las Jornadas de la Juventud en Brasil, el Papa Francisco ha dicho algo muy hermoso a los jóvenes argentinos. Más o menos, sus palabras fueron estas: “Lean solamente dos textos de la Biblia, nada más que eso. Lean Mateo 5 y Mateo 25. En Mateo 5 encontrarán las bienaventuranzas, allí Jesús les enseñará cómo vivir. En Mateo 25 encontrarán cuáles son las obras por las que serán juzgados: tuve hambre y me diste de comer… Tuve sed y me diste de beber… Estuve desnudo y me vestiste… Estuve enferno y me visitaste… Con estos dos textos, ya tienen el programa para toda la vida”.

Así es que con todo esto en mente fuimos con los chicos a visitar el hospital, para que hicieran algo de wok marimari (obras de misericordia). Durante varios días estuvieron juntando ropa que ya no usaban, y otras cosas para darle a la gente que estaba en el hospital. En un principio pensamos hacer esto en alguna villa de nuestra parroquia, pero una mujer nos aconsejó hacerlo en el hospital, ya que ahí hay mucha gente de la selva que realmente está más necesitada que la gente de nuestra parroquia. Así que los subimos a todos en dos camionetas, y nos fuimos con los nenes y las señoras que los ayudan en los meetings de la Legión. Al inicio los nenes se quedaban petrificados al entrar a cada uno de los 5 pabellones del hospital, pero viendo que los sacerdotes charlaban, bromeaban y trataban con naturalidad a los enfermos, se fueron soltando de a poco.

Como en todos los pabellones hay televisión (y los nenes no tienen en sus casas) a veces sucedía que en lugar de visitar a los enfermos, visitaban la televisión: se quedaban parados en el pasillo hipnotizados viendo el partido de rugby que pasaban por la tele. Pero bueno, ¡son niños! Igual, después de dejarlos hacer eso unos minutos, nos acercábamos y les decíamos con una sonrisa: “Acuérdense que vinimos a ver a los enfermos y no la televisión”, y ahí nomás volvían al apostolado.

Después de visitar, confesar y darle la unción a todos los enfermos de cada pabellón, preguntábamos: “¿Quién necesita algo de ropa?”. Así que nosotros sacábamos la ropa de las bolsas, y se las dábamos a los nenes para que ellos personalmente se los dieran a los enfermos. Todos, tanto los nenes como los enfermos y los sacerdotes, quedamos contentos y edificados de esa tarde de apostolado.

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