Una historia ‘realísima’

bebe-y-diosPermítanme contar una historia que trae esperanza a todos los que verdaderamente creen en el nombre del Señor.

Había una vez una joven, de quien no sabemos la edad pero estimamos 19 o 20 años; muy enferma, consumida por la tuberculosis, el asma y los frecuentes ataques de malaria, ya las medicinas como se dice acá en Papua: “no trabajan más…”

Sus padres, buenos católicos de la comunidad de Wutung; me refiero a cristianos de Misa dominical, la mamá miembro de la Legión de Maria, el papá nos ayuda a manejar la camioneta en eventos grandes, etc. Por su parte Jessica, la niña, de confesión muy frecuente, comunión todos los domingos que podía asistir a Misa y sobre todas las cosas “muy sufrida” como decimos en español.

Me entero que está en el hospital y la voy a ver, la sola vista de su estado daba escalofríos, tenia unos tubos insertados en la nariz y escasamente podía respirar; la abracé y le dije que respirara despacito y que Jesús estaba con ella, ella me contestó que ya lo sabía. Le di unas palabras más de consuelo que ella aceptó dócilmente y me fui.

En ese momento no tenía los sagrados óleos (gran error de mi parte), pero para consolación del lector, de todos modos ese mismo día el Obispo visitó el hospital y se los administró, con confesión y comunión.

La historia de la vida de Jessica termina ahí, ya que a la mañana siguiente falleció.

Pero nuestra historia comienza justo aquí. El padre Agustín celebró la Misa de su funeral y después de unos días fui a la casa a visitar a los padres y ellos me contaron esta historia realísima:

El día anterior, después que yo la había visto, Jessica colapsó y estuvo como muerta por unos minutos, rápidamente una enfermera le suministró oxigeno y ella volvió. Cuando volvió, sigue contando la madre, Jessica le contó que había visto al Señor “Jisas” (que es el nombre de Jesús en Tok Pidgin) así la madre asombrada comenzó un breve interrogatorio.

– ¿Qué viste?

– A Jisas. Contestó Jessica.

– ¿Cómo era?

– Grande, y tenía una cabeza grande. (Yo debo respetar el relato de la mamá de Jessica)

– ¿Dónde estaba?

– En una nube muy luminosa y blanca.

– ¿Cómo vestía?

– Con un sotana blanca como la del padre Agustín y la del padre Emilio.

– ¿Y qué te dijo?

Acá viene lo bueno:

– Jisas me dijo: – “Yo te voy a quitar esta enfermedad…”

Jessica había sufrido de asma, TB, durante varios años, mucho de verdad, recuerdo cuando sufrió un severo ataque de epilepsia justo en el momento que recibía la comunión hace uno o dos meses atrás.

El tema es que Jesús le dijo eso y al otro día murió, dejó su mundo y su vida de sufrimiento.

Oh Dios! ¿Quién no esta enfermo si el pecado no es la peor enfermedad? ¿Quién no es un tullido ante ti?

Oh Dios! ¿Quién no carga sobre sus hombros el peso de una naturaleza rebelde que lo hace ciego de nacimiento, sordo, leproso, con hemorragias producidas por sus propios pecados?

Oh Dios! ¿Quién no huele a muerte ante tus ojos?

Sin embargo, Oh Dios tu nos dices: “ ¡Yo te quitaré todas tus enfermedades!”

Y así sucederá, así esperamos en Ti, los que creemos en tu Santo Nombre.

Misioneros de Papúa Nueva Guinea