¿Cómo se confiesa un papuano?

Como he contado otras veces -y espero que me perdonen si lo hago una vez más- los primeros misioneros llegaron a esta tierra recién en 1961, de tal modo que apenas tenemos poco más de 60 años de evangelización. Y es de imaginarse que apenas llegaron los primeros misioneros, se encontraron con muchísimas cosas por hacer y, como de costumbre, con poco tiempo para hacerlas. Y fue por eso que les enseñaron a la gente a confesarse de un modo muy particular. Hoy en día únicamente los ancianos se confiesan así, ya que las nuevas generaciones han aprendido a hacerlo de otro modo. Y yo, personalmente, prefiero el modo “antiguo”. Al confesarlos uno se da cuenta que han aprendido perfectamente bien su catecismo, y que además de saber los diez mandamientos y enumerarlos sin confundir el orden (cosa extraña hoy en día…), saben también cómo se transgrede cada uno de los ellos.

Confesiones

Ahora sí, entonces, ¿cómo se confiesa un anciano en Papúa Nueva Guinea?

Lo hacen así: al llegar saludan al sacerdote y dicen cúando fue su última confesión. Inmediatamente después comienzan a enumerar los diez mandamientos, y por cada mandamiento que dicen explican qué implica cada uno, para terminar diciendo “mi no gat pekato” (no tengo pecado) o “mi mekim pekato tupela taim” (pequé dos veces -o las veces que sean-). Después de ese mandamiento, pasan al siguiente, para volver a enumerarlo, decir qué implica y confesar si han pecado o no. Y así diez veces seguidas, una por cada uno de los mandamientos.

Entonces, al llegar el penitente, comienza este monólogo (primero pongo el texto en la lengua de aquí, y entre paréntesis la traducción al castellano).

 

Mandato wan: prea na tambaran (Mandamiento uno: oración y superstición).

Mandato tu: kolim nating nem bilong God (Mandamiento dos: usar para nada el nombre de Dios).

Mandato tri: misa long sande (Mandamiento tres: misa de los domingos).

Mandato four: papamama pikinini (Mandamiento cuatro: papá, mamá y niños).

Mandato faiv: kros, pait, tok nogut, kilim man i dai (Mandamiento cinco: enojos, peleas, insultos, matar).

Mandato six: sem i gat sem (Mandamiento seis: pecado que tiene vergüenza).

Mandato seven: stil (Mandamiento siete: robar).

Mandato eight: pasin bilong giaman (Mandamiento ocho: mentir).

Mandato nain: mangalin meri bilong narapela man (Mandamiento nueve, desear la mujer de otro hombre).

Mandato ten: mangalin samting bilong narapela man (Mandamiento diez, desear las cosas de otro hombre).

 

Después de escucharlos, entonces, el sacerdote hace lo que debe hacer, y al despedir al penitente, muchas veces uno puede escuchar que le dicen: “Tenkyu, Jisas“. O sea, “Gracias, Jesús“. Y lo más hermoso es que ese agradecimiento no lo hacen mirando a un crucifijo, sino que lo hacen mirado al sacerdote, porque en su catecismo aprendieron perfectamente bien que el sacerdote es Otro Cristo.

¡Quisiera ver en cuántos países “civilizados” del Primer Mundo la gente se confiesa tan bien!

P. Tomás A. Ravaioli, IVE

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