Navidad en Fas-Figeri – Parte 5 (última)

Domingo 28

Tuvimos los Bautismos en la Figeri de 16 niños. Algunas mamás se pusieron bien a tono para tal celebración y se arreglaron ellas y sus hijos con los trajes típicos de fiesta. Digo que se arreglaron y no “disfrazaron” porque es así como se arreglan o adornan. A diario usan remera, pollera o pantalón, pero esa es ropa vieja rota o muy sucia. Cuando vienen a Misa los niños y señoras también se pintan el pelo o la cara con frutos naturales. Todas las mujeres desde chiquitas se tatúan la cara.  Ayer uno de los papás de los niños que se bautizaba también por arreglarse se pintó toda la cara con carbón y los brazos con barro. Cada uno se arregla como puede, ja.

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Un asesino el fotógrafo…
Un asesino el fotógrafo…

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Lunes 29

En el programa que hicimos el primer día habíamos acordado que antes de irme íbamos a bendecir sus villas y dejar todo bajó la protección de Mama María, como ellos la llaman.

Bien por la mañana, según habíamos acordado, nos reunimos todos en Fas para bendecirla. Luego de allí salimos en procesión con la Virgen hasta Figeri. Antes de comenzar la procesión cada uno le ofreció una flor a la Virgen y con ella una intención. En el camino rezamos el Rosario y cantamos a la Virgen. Llegados a Figeri, después de bendecirla, tuvimos la Santa Misa. Les expliqué cómo de este modo terminamos estás dos semanas dejándolo todo en manos de la Virgen ¿Quién sabe cuándo vendrá de nuevo un sacerdote? Pero les dije que hasta ese momento pueden estar tranquilos porque hay una Madre que vela por ellos. Y no cualquiera, sino la Madre de Dios.

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Mañana por la mañana después de celebrar la Santa Misa preparo las cosas y viene un vehículo a buscarme. Agradezco a Dios su inmenso amor y misericordia para con nosotros, de lo cual yo he podido ser testigo en estos días. ¡Cómo no se cansa de buscar y auxiliar a sus hijos! ¡Qué amor el que tiene por los hombres! Es algo que no deja de admirar, de impresionar. Y ¿por qué nos ama tanto? No sé. Si no me equivoco, el verdadero amor no tiene motivos, simplemente ama. Y esto lo veo en dos cosas: primero mirándome a mí mismo o a nuestra cultura evangelizada. ¡Cuánto hemos recibido! ¡Cuántos valores! Para decirlo brevemente: hemos recibido una vida sobrenatural, y eso lo máximo que podríamos esperar. Y a su vez esa vida además perfecciona y eleva totalmente la vida terrena. Nuestra cultura, que aunque esté en declive, es una cultura que ha sido impregnada por los valores evangélicos, y eso es muchísimo. Entonces uno al conocer esta otra realidad lo descubre un poco más y lo valora muchísimo más aún. Y en segundo lugar, veo que la misericordia y amor de Dios para con los hombres es inmensa al experimentar la necesidad del evangelio que tienen los hombres. Al experimentar cómo no hay otra cosa que les pueda ayudar sino la vida de gracia. Al experimentar la necesidad que tenía el hombre de un Salvador, de un Redentor del género humano. Acá el evangelio llegó solo hace 60 años y eso sí que se nota. Se nota en nuestra parroquia en Vanimo. Y en lugares como esté donde el sacerdote viene muy esporádicamente, se nota mucho más.

En las dos últimas reuniones de clero que tuvimos con el obispo, una de las preocupaciones más grandes y también causa de alguna que otra tensión con el obispo, fue la falta de sacerdotes. En la última reunión decía que piden un sacerdote, en una región entera que pide ser católica. Quiere ser atendida por un sacerdote. Pero no hay quien pueda ir. Es un lugar para ir y quedarse a vivir, muy distante de todo. Además las parroquias ya constituidas son enormes y hay lugares donde el párroco apenas puede celebrarles la Misa una vez al año o menos aún. La necesidad que hay de sacerdotes es muchísima. Por eso hay que seguir recordando y poniendo por obra el mandato de Cristo: “rogad para que el dueño de la viña mande obreros a su mies“. Tiene que haber más jóvenes que ofrezcan sus vidas por causas como esta. Que dejen todo por continuar la obra que Cristo ha comenzado. No digo que todos tengan que ser generosos con Dios de este modo, haciéndose sacerdotes, sino que simplemente respondan con generosidad aquellos que sienten el llamado. No puede ser que Dios se olvide de estas pobres almas (como también de las que están en Europa, China o Argentina) seguro que Dios les tiene preparado un sacerdote para asistir sus almas, ahora sólo falta que ese joven diga que sí generosamente, cuando Dios lo llama. Por eso tenemos que rezar.

En Cristo y María,

P. Martín Prado

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